Fosca: la escritura de lo siniestro
Presentamos el prólogo escrito por Bibiana Camacho para «Fosca», antología de textos siniestros coordinada por la autora para Malabar y Cáspita.
Bibiana Camacho
Mirar con detenimiento a cualquier persona u objeto
los convierte en algo que se va tornando cada vez más extraño,
tras lo cual verás más y más.
Harriet Burden
El terror expande el alma y alerta los sentidos; el horror, en cambio paraliza, contrae el alma y congela el impulso vital. Estas emociones extremas han sido plasmadas en diferentes manifestaciones artísticas a lo largo del tiempo. Lo siniestro, el tema que convocó esta antología, es un ente más sutil, menos definitivo, incluso mutante que, aunque mantiene cierto parentesco con el terror y el horror; se encamina por lugares oscuros y velados, tan propios que son ajenos.
Ernst Jentsch asegura que el cerebro se configura de acuerdo a lo conocido, lo familiar, las costumbres; si lo que conocemos cambia de rostro, de dinámica, de color; nace lo siniestro. Y esa familiaridad trastocada puede modificarse de acuerdo a la cultura en la que se ha desarrollado. Una situación no será interpretada de la misma manera por una persona que ha crecido en un medio rural mexicano; a una persona que ha crecido en una gran ciudad de primer mundo. Otro factor importante es la época en la que se inscribe y sus atributos temporales.
En el emblemático texto “Das Unheimliche” —cuyo significado opaco oscila en español entre lo siniestro y lo ominoso—, Sigmund Freud analizó a profundidad el término en su propio idioma e incluyó vocablos en otras lenguas que significarían aparentemente lo mismo. De acuerdo a su indagación lo unheimlich es la sensación de espanto que se adhiere a las cosas conocidas y familiares cuando revelan sus mecanismos y engranajes ocultos que no conocíamos o preferíamos no ver. De modo que lo propio y lo ajeno se concentran en un mismo hecho, espacio, personaje, situación con sus fronteras desvanecidas que provocan el surgimiento de la extrañeza, el pavor, la incomprensión. Lo cotidiano y familiar, entonces, adopta un aspecto amenazante, peligroso.
Eugenio Trías identifica la aparición de lo siniestro en la literatura durante el Romanticismo, periodo que el autor calificó como el siglo de las luces enamorado secretamente de las sombras. De acuerdo a su análisis, varios autores —Johann Wolfgang von Goethe, Novalis, Friedrich Hölderlin o E.T.A. Hoffman— exploraron infiernos narrativos que, aunque lindan con las fronteras del horror y del terror, permanecen en el limbo de lo siniestro. Entre los mecanismos que usan para causar esta sensación de extrañeza se encuentran las mujeres como personajes ambivalentes y malignos, los autómatas, el desdoblamiento, la necrofilia, las perturbaciones mentales, entre otros.

Autoras como Mary Shelley y Emily Brontë abordaron lo siniestro desde perspectivas muy distnitas a sus colegas. Shelley creó una profunda narrativa y dos de los personajes más espeluznantes en Frankestein (1818). El monstruo y su creador han permanecido en el imaginario colectivo como la representación de la eterna lucha entre el misterio de la creación y la búsqueda del origen y la identidad. Por su parte, Brontë plantea en Cumbres borrascosas (1847) la vida violenta y tortuosa de dos personajes unidos por un vínculo diabólico en un demencial escenario en los páramos de Yorkshire. Se trata de un relato de las siniestras pasiones humanas exacerbadas y retorcidas.
Tanto Mary Shelley como Emily Brontë ahondan y escarban en el alma humana hasta encontrar las pulsiones más oscuras que escalofrían el corazón y estremecen convicciones; sin revelarlas nunca por completo. Precisamente lo que permanece en lo siniestro es la ausencia. De ahí su capacidad de sugestión y arrebato. No me extraña que en su momento ambas hayan sido duramente criticadas y menospreciadas por la nobleza literaria.
Pero ¿estas narrativas son únicamente siniestras o son algo más? Una lectura atenta revela múltiples registros. Son obras sin género, inclasificables. Lo siniestro, ominoso y liminal conversan a través de vasos comunicantes. Estos términos comparten origen ontológico y semiológico; forman un universo oscuro y perturbador que acecha desde el origen de los tiempos y que está reflejado en la literatura clásica, moderna, contemporánea. ¿Cómo podríamos condensarlo? ¿Qué palabra podría englobarlo?
“Fosca”: niebla, especialmente la densa que oscurece el ambiente; “calígine”: niebla, oscuridad, tenebrosidad; “calina”: bruma muy tenue que enturbia ligeramente el ambiente, especialmente en épocas calurosas. Quizá sea “fosca” la que mejor represente la neblina densa y umbría que extravía al viajero más avispado y lo deposita en una realidad desfigurada.
Estas reflexiones detonaron mi curiosidad y leí con detalle a varias escritoras mexicanas activas durante el siglo xx que no se sumergieron al terror ni al horror por completo, sino que flotaron en un amplio mar en cuyas profundidades conviven lo siniestro, ominoso y liminal.
Descubrí que escritoras como Nellie Campobello, Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas, Inés Arredondo, Adela Fernández, Elena Garro, Gabriela Rábago Palafox, Margo Glantz, por mencionar algunas, abordan temas del ámbito sereno y conocido como las interacciones familiares, la pareja, la infancia, el matrimonio, la maternidad y la muerte retirando velos que nos permiten asomarnos a la anormalidad, y al espanto que se supone no debería existir. De tal modo que hallamos un mundo que no funciona de acuerdo a los postulados sociales, epistemológicos y ontológicos.
La visión de las autoras aporta notas muy distintas a las masculinas, por la simple razón de que la perspectiva femenina ha estado —y aún está— sometida a cierta moral, convenciones sociales, costumbres atávicas, leyes absurdas y procesos biológicos y hormonales distintos. Por lo tanto, la narrativa se oscurece, los velos se sobreponen para exponer temas incómodos, grotescos, inenarrables.

Todas y cada una de las escritoras, artistas, profesionistas, amas de casa, poseemos en el interior un lugar oscuro donde el auténtico espíritu oculto florece y se marchita en un ciclo infinito. No ha sido una decisión razonada y deliberada crear y mantener estos ámbitos ocultos; ha sido una necesidad vital desde tiempos antiguos. No en vano, algunas mujeres fueron y han sido quemadas en la hoguera por mostrar sus perfiles tenebrosos de cara a sociedades intolerantes a la disidencia de seres con roles inamovibles y destinos preconfigurados.
En estos profundos lugares, todas albergamos una reserva de creatividad y fuerza, emociones y sentimientos. El ámbito de poder que cada mujer posee no es blanco ni superficial; es oscuro, vetusto y profundo. Aquí, el lector encontrará textos inclasificables que, tanto en lo individual como en su conjunto, ostentan una palpitante vida propia que traspasa límites y fronteras conceptuales. Cada universo contenido en estas letras invita a exploraciones incómodas, lugares prohibidos o situaciones que hemos pasado sin ver a la primera, precisamente por su peculiaridad. Una vez dentro, la puerta que nos redirige a lo real puede permanecer entreabierta; estrecharse de modo que tengamos que salir de lado; achicarse: entonces habrá que salir a gatas. También puede encogerse hasta convertirse en una ventana. En los casos más extremos, desaparece. O puede que, simplemente, nunca haya existido, sólo hubiera atravesado nuestros sueños y permanezca como una incomodidad adherida a los sentidos. Aquí lo siniestro, ominoso y liminal se entrecruzan, juguetean, coquetean y se trastocan.
De la mano de Alejandra Eme Vázquez, Carla Faesler, Carla Tapia, Cecilia Eudave, Dafne Romero, Diana del Ángel, Iliana Olmedo, Irasema Fernández, Libertad Pantoja, María de los Ángeles Romero Doring, María Irlanda Durán Carrasco, María Luisa Otero, Mariana Orantes, Xiltlalitl Rodríguez Mendoza y Ximena Santaolalla, Fosca ofrece un mosaico de textos que van del relato a la poesía; del fragmento al ensayo.
Cada uno entraña una noción de alteridad, formas de conocimiento, subjetividad y percepción que van más allá de la experiencia cotidiana, y que precisamente por su peculiaridad transgrede y, quizá, fascine. En un abrir y cerrar de ojos, la cualidad y el significado de lo que creíamos conocer se retuerce, distorsiona, muta. ¿Será que esa anormalidad que alumbra la realidad convencional sólo nos demuestra las categorías que nos han servido para otorgan sentido al mundo no están quietas, que las reglas se rompen a cada instante, que nada permanece y que las fronteras que nos separan de les otres y del mundo simplemente no existen? Aquí nada es lo que parece y nada se parece a nada. Que cada narrativa aquí contenida encuentre una perturbación particular en sus lectores.

Bibiana Camacho
Es escritora, editora, bailarina y encuadernadora. Ha publicado los volúmenes de cuentos Tu ropa en mi armario (2010), La sonámbula (2013), Jaulas vacías (2019) e Instantes oscuros (Malabar, 2025); las novelas Tras las huellas de mi olvido (Almadía, 2010), Lobo (Almadía, 2017) y Sangre nueva (2023). Es compiladora del libro El origen de todos los males. Madres y padres autoritarios (Cal y arena, 2022) y de Fosca: antología siniestra (Malabar, 2026). Es autora junto con Javier Elizondo del libro juvenil Más allá del árbol guardián, (Planeta, 2020). Es editora y encuadernadora del Taller Editorial Cáspita. Imparte talleres literarios y se especializa en temas siniestros y creadores insólitos y raros.
