«Mis padres me trajeron a la vida para morirme» y otros poemas

Ricardo Plata

Los poemas de Ricardo Plata detectan las tensiones de la vida común para transformarlas en versos sobrios y resplandecientes. La actualidad de su voz armoniza perfectamente con las inquietudes de su obra y nos transporta a los instantes individuales en donde ocurre la poesía.


Mis padres me trajeron a la vida para morirme;

sin embargo, adoro el tiempo antes del día de la sentencia.
Hijo de una universidad de herencia pública,
todos los días salgo a perseguir autobuses
para alcanzar mis sueños.
Estudiante desde los cuatro años,
mi memoria conserva jardines de papel maché
y de jirafas de foami en escala.
Nací en invierno de un año lleno de nueves,
la verdadera fecha de mi nacimiento
fue el primer derrumbe del corazón,
ese día llovió, la vida me bautizó,
y me dijo: bienvenido.
A los dieciocho años me aventaron al mundo
con sólo una tarjeta de mayoría de edad,
a una selva de cláxones y de golpes,
ningún colmillo ha tocado mi carne,
“yo también tengo rayas en la espalda
como los tigres”
grité en las avenidas.
Tengo veintitrés años y no tengo nada,
mi esqueleto está hecho de pan y promesas,
y mi futuro es una preocupación

que nunca me sobrevive.


Boca abajo la delgadez de tu cuerpo

se repite en las sabanas.
De pronto recuerdas la canción que nos unió
en aquel verano en donde en tus veinticinco años
consumíamos el polvo del aburrimiento.
Cada espejo de tu habitación
aprende tu silueta en lencería,
y tú piensas que debes dejar los cigarrillos,
dejar correr las canciones del estéreo,
mientras nuestros labios se encuentran
subiendo los peldaños del beso,
y piensas en la vida como una película
ambientada mientras tú me besas.

Aterrada me preguntas del amor
en ese río de causalidades
en donde en cada mes nos sumergimos,
ahora te has percatado
el disco dejó de tocar,
y piensas que nuestro amor
dura más que cualquier álbum de Beach House.
Te has dado vuelta en la cama,
tu espalda es un mar transparente de plegarias
que entienden mis deseos,
mientras la fotografía de tu novio
nos ve abrazados.


A        M. Ramírez

A Mario le gusta la inestabilidad,

por eso su agrado
de habitar personas como si fueran casas.
Mario prefiere a las mujeres inestables,
que tengan una cuerda
atada de hombro a hombro
para colgarse en su pecho
y si resbala,
morir en el ombligo de su deseo.
Yo profiero el amor blanco,
blanco como un manicomio
para que mi locura
tenga un punto de rehabilitación.
A mi amigo le gustan las mujeres
que sepan abrir una botella
con los dientes
y aún conserven la sonrisa
de principio de semana.
Mario reconoce su soledad,
es idéntica a la mía,
lo que nos lleva a vivir en círculos en llamas,
a repetir la búsqueda,
y pensar que el amor de la vida
se encuentra
cuando todos se callan en medio de una fiesta.



Ricardo Plata (Ciudad de México, 1994)
Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana. Autor del poemario Para habitar mi nombre bajo el sello editorial Literalia. Fue becario del Festival Interfaz: Los signos en rotación. Fundador y Director General de Cardenal Revista Literaria y del Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes-UAM-I. Ha publicado en revistas de México, Argentina, Perú, Bélgica, Bangladesh, India y Uzbekistán.

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