Obra viva del escultor Abel Ramírez Aguilar

El texto de María Brambila es la crónica apasionada de un momento glorioso en la historia del arte mexicano. Gracias a sus conocimientos y a su sensibilidad, consigue hilvanar las emociones del presente y el pasado, el júbilo de uno y otro lado del Atlántico, para revivir aquel suceso digno de ser recordado por mucho tiempo.


María Brambila

 

María Brambila
Abel Ramírez Aguilar

He escuchado muchas veces la pregunta “¿qué se siente ser aprendiz de Abel Ramírez?” Lo que puedo decir es que convivir con él un par de horas a la semana ha cambiado radicalmente muchas de mis percepciones; he dejado de ser practicante para convertirme en confidente.

Recuerdo perfectamente la primera vez que visité el taller. Me encontraba nerviosa, pero muy pronto los nervios se convirtieron en asombro. Sentí las miradas ocultas de su colección de máscaras; las mujeres que iban apareciendo paso a paso me seducían con sus cálidas formas y frías superficies. El clima era fresco; había plantas que colgaban del techo y de repente acariciaban mi cabello. Un pequeño hombre a mi lado me guiaba hacia las escaleras que conducían al segundo piso. Al girar a la derecha, emprendieron el vuelo un par de pajarillos que se alimentaban del alpiste dispuesto ahí para ellos.

El piso azul de madera crujía a cada paso. Todo estaba tan lleno de recuerdos: el tapiz de la pared en honor a su madre, medallas y más mujeres me encantaban con sus miradas de piedra y bronce. Mis papilas gustativas saboreaban un exquisito café turco, y es aquí cuando comenzó la historia…

Abel sacó un álbum de fotografías y comenzó a narrar, con un especial brillo en los ojos, su historia como representante internacional de su auténtico país: México. Llevó nuestra identidad a acariciar la suave nieve y el frágil hielo de Francia; nos transportó a Japón para conocer su cultura; nos hizo vivir las mágicas auroras boreales de Noruega. Estuvimos presentes, por medio de él, en muchas partes del mundo. Fue increíble mirar a México frente a esos imponentes bloques de hielo; quién iba a pensar que las manos cálidas de nuestra cultura pudieran transformar tanta fragilidad en esculturas monumentales.

 

En un mundo paralelo, un invierno de 1992, mientras Abel Ramírez esculpía y transmutaba la materia en Francia, la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” tenía un día completamente ordinario. Todos creaban dentro de sus clases: alumnos entusiastas, otros no tanto, pero al fin y al cabo había arte y creación por todos lados.

De pronto, sin que nadie lo imaginara, se encendió el megáfono y una voz dudosa anunció que el Maestro Escultor Abel Ramírez se colocaba en los primeros lugares de los Juegos Olímpicos de Invierno en Francia. El corazón de todos comenzó a latir de prisa. Pero, ¿cómo podría ser eso cierto?, ¿México peleando con el corazón, trasmitiendo su arte y cultura a casi 10,000 km de distancia? Incrédulos, pero con esperanza, continuaron las actividades dentro de “La Esmeralda”.

Nuevamente se encendió el altavoz. Los oídos de todos se agudizaron una vez más… “¡El Maestro Abel Ramírez está dentro de los primeros lugares de las olimpiadas de invierno!” Cada vez era más real, los gritos de orgullo comenzaban a retumbar por las paredes de la casa de estudios; había murmullos y exclamaciones: “¡Mi maestro! ¡El de cerámica!”

Otra vibra oscilaba por las aulas, los ojos de todos brillaban y sus corazones latían distinto a otros días. Una tercera llamada comunicó con voz quebrantada y llena de orgullo: “¡El Maestro Abel Ramírez, llevando a México en las venas, obtuvo el primer lugar, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Invierno en Francia!”

En los corazones palpitaba amor por México. Las miradas y sonrisas de sus alumnos y colegas se mostraban asombradas y llenas de orgullo. En ese mismo instante, en la helada Francia, la mente de Abel no podía comprender lo que estaba sucediendo. Las frías noches, las estrellas y los días, fueron testigos del intenso trabajo del equipo mexicano. El cuerpo y la mente no podían dimensionar el tiempo ni el espacio en que se encontraban. Anonadado, el maestro caminaba por inercia; era imposible ser consciente de lo que había logrado. En todo el lugar se mostraba una gran celebración; México se unía y se hermanaba con todos los países representados.

Al bajar de la montaña, en honor a la gran celebración, circularon rondas y rondas de coñac que les invitaban a los triunfadores. Los países reunidos ahí ensamblaron sus voces e idiomas para cantar el “Cielito lindo”, convertido desde entonces en el himno de Abel Ramírez.

Este fue el inicio de una serie de experiencias míticas en las que descubrimos la posibilidad de apoyarnos entre naciones unos a otros. Así hemos descubierto que, cuando creamos ambiciones y asumimos un reto, no sólo es posible llegar a nuestras metas, sino también convencernos de nuestra capacidad para diseñar un sueño y adentrarnos en él.

Enero/2018

 

Juegos Olímpicos de Albertville, Francia, 1992.

 

 


 

María Brambila (Autlán de la Grana, Jalisco, 1994)

Egresada del Instituto Universitario de Bellas Artes de la Universidad de Colima, donde cursó la Licenciatura en Artes Visuales, especializada en el área de escultura. Además, ha cursado el Diplomado Apreciación y Expresión Artística para Maestros en el Centro Cultural David Carmona Medina S. C.; el Taller de “Modelado de la Figura Humana”, por el Maestro Alejandro Morales Barros, en las instalaciones del IUBA; el Taller “Experimentación Plástica”, por el Maestro Eloy Tarciso López Cortés, en el IUBA; y el Taller de Dibujo de la Figura Humana, por Ángeles Beltrán, en el Centro de Producción de Artes Gráficas de Colima “La Parota”. En 2015 fundó el grupo de dibujo de la figura humana “Dibujantemente” con apoyo del escultor Mario Rendón. Obtuvo el 3er lugar en la Categoría semiprofesional del XII Concurso Nacional de Pintura, organizado por el Movimiento Antorchista Nacional, en la ciudad de San Luis Potosí. Presentó su primera exposición individual, “Bésame Mucho”, en 2017, en las instalaciones de La Artería, Colima, México. Actualmente trabaja como asistente de taller con el maestro Abel Ramírez Aguilar, en la galería de arte 90° Fast Gallery en la CDMX, y colabora en la revista digital Áureavisura de la Facultad de Arte y Diseño, UNAM.

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