Custodiar el vacío

El texto de Elizabeth Casasola va más allá de la reflexión, de la narrativa o de la expresión poética. Si bien reúne estas tres características, es la plasticidad del lenguaje lo que se explota con mayor avidez para llevarnos a una zona indeterminada —liminar— entre la pura percepción física y la ausencia de todo. 

Elizabeth Casasola

 

                                                                 Los nervios del hombre con todas las impresiones que había recibido durante su vida.

(Daniel Paul Schreber, Memorias de un enfermo de nervios)

 

Custodiar el vacío

 

ENTONCES, COMO DE CUALQUIER SUEÑO, me desperté con ese vacío profundo. El universo había dejado de ser. La historia del tiempo y la manera en que existíamos cambiaba por completo. El universo había decido parar. Los parámetros del orden y desorden no funcionaban. Aquí estaba. Aquí. Una parada arquetípica en el tiempo y espacio para encontrar líneas que no se fugan, que tensionan y que resisten. El vacío, tal vez también la ausencia del yo.

 

          El vacío es extraño.

          Raro.

          Ausencia de la fuerza de tu corazón.

Algún estadio del universo nos trajo a la modernidad, los fenómenos de emergencia y los afectos tempestuosos llevaron a los sujetos a densificar el espacio, a des-bordar el paisaje, formando tumultos. Pronto hubo colisión de cuerpos que fluctuaban entre la esquizofrenia y el suicidio. Pronto el lenguaje se desarrolló en estructuras más melancólicas.

El universo estaba lleno de sujetos reiterando en sus pensamientos fenómenos cuánticos sobre lo excesivo de las pasiones. Preparando un devastador encuentro que acabaría con lo brillantísimo que parecía ser ese lugar. El universo había sido una fuerza insaciable que golpeaba en el fondo de nuestros cuerpos. Universo que permitió pensar en lo más descomunal, en el infinito; aquello a lo que el lenguaje contuvo con el concepto amor. Lo había encontrado entre un tumulto de gente, el impetuoso universo parecía no estar vacío.

Amor, le había llamado amor. Recuerdo tus palabras taciturnas, que no eran más que la repetición de los pensamientos que otros habían otorgado al pensamiento y lenguaje y que nada tenían que ver con tu cuerpo y tus ideas. El lenguaje construyó interpretaciones cargadas de situaciones que habría valido más no nombrarlas para no sentirlas.

No importaba ya nada esa mañana. El vacío estaba ahí. No sentía la fuerza dentro de mi esternón. Ante mí, un paisaje vacío, con un horizonte abierto. Un espacio sin carga, dis-locación, ilegible en el que cualquier situación es posible. Solo quería ser dueña de este vacío, dueña de mí, y no quería volver a sentir ese ímpetu brotando e hirviendo. Quería custodiar esa ausencia.

En el siguiente momento me di cuenta que el mar era lo que dibujaba el horizonte y no la tierra. Por supuesto, no había tierra, sino fina arena. Habrían sido cerca de las seis de la mañana, pero en mucho tiempo no me percaté de los cambios. El murmullo del mar. En el pasado, la soledad parecía un asunto muy triste. Ahora, la soledad era interesante para no volver, para olvidar. Tal vez custodiar este vacío podría dar inicio al futuro.

El vacío es un desacoplamiento de la materia, un espacio entre filamentos que no contiene nada, ninguna galaxia. Entre los cálculos más exactos del universo y la posibilidad mental de imaginar lo eterno, el lenguaje y nuestro patético y previsto destino en el espacio me llevó a encontrarme ahora entre los filamentos de las galaxias y las amplias murallas del mar. 

Elizabeth Casasola

Todo es realmente recurrente en el universo, hasta el vacío, tú y yo estamos sucediendo en el pasado. Eso fue antes, otro momento en el universo; sin embargo, ahora y en el futuro que iniciará en un par de minutos quisiera concederme olvidar: la ilusión de no ser materia.

¿Cómo se puede custodiar el vacío? ¿Cómo se puede custodiar el vacío con el pensamiento? El cuerpo está cargado de recuerdos, somos volátiles. Yo soy. Yo también soy un sujeto que repite un lenguaje que no eligió, la patética melancolía que equivocó el concepto. Error: me di cuenta que en el vacío los parámetros de orden y desorden existen. La geografía del vacío también deja de ser inconmensurable por el horizonte, se detiene en la frontera. Mi lengua sigue balbuceando.

Vuelvo a ver el mar y la arena, a escuchar el murmullo del mar y todo sigue como cuando desperté. El vacío solo es interrumpido por mi pensamiento o por mi habla. ¿Existe mi habla si nadie la escucha? ¿El fenómeno antropocéntrico no necesita de otro? No hay otro en este vacío.

El vacío posibilita saber sobre la evolución del universo. Cuanta más materia hay o no, estamos más o menos cerca de una galaxia. Existe un vacío, lleno de energía. Produce futuro, está hecho de lo mismo que creó el universo, nada o el cumulo de energía o de nada visible. Tal vez Dios.

Lo cierto es que el cuerpo debe carecer de capacidad de aturdimiento, dejar de pensar y borrar las impresiones de la superficie de todo lo que vivió. Una vez, desde el piso veintitrés vi cómo alguien a media noche se arrojó al mar. A la par, fuegos artificiales en la orilla del mar. El estruendo despedazaba mis oídos, mientras mis ojos se abrían más.

Fui enredada de los nervios, yo lo había visto nadar y después flotar como una pequeña mancha que poco a poco desapareció en lo oscuro que se había tornado el mar. Había pasado cerca de media hora entonces, cuando mis ojos lo perdieron. Decidí bajar y ahí esperar. Imaginaba la mañana siguiente con un cuerpo ya un poco hinchando en la orilla del mar. Volví a subir a la habitación. El borde de la muerte, el des-borde de la muerte. Nada, nadaba ya de regreso. Lo vi salir del mar. Sentí una increíble furia, quería gritarle por causarme tal desesperación a aquel que no conocía, aquel de quien apenas alcanzaba a vislumbrar en su figura que era un hombre.

Fui al bar por más cerveza. En el fondo del lugar había un sujeto bastante alterado hablando con una francesa que no expresaba nada. Él la amaba, parecía. Ella nada, ella vacía. Esta vez no me dejé enredar por la situación como minutos antes. Bebí una cerveza y me fui a dormir.

El vacío existe entre los filamentos de las galaxias, el vacío existe cuando no nos acordamos que soñamos, en el momento en que dejamos de amar y cuando morimos; sin embargo, nada deja de existir. Incluso sé que esa melancolía es dulce, que lo patético es haber errado el amor. El amor existe y es inaudito tanto como el vacío.

Todo lo observamos, incluso los vacíos. En el universo hay un Gran Vacío. Cerca de la constelación de Bootes, localizada aproximadamente en ascensión recta 14 h 20 m y declinación 26º. Un día, a alguien se le ocurrió conceptualizar el vacío. Todo lo construimos. Me alejé de todo, me fui. La verdad es que me fui siete veces buscando no saber, hasta la octava vez que me fui sin buscar. Ya no era yo.

Voy a custodiar el vacío en este documento de cerca de 1500 palabras, no importa ya si otro lo lee. La sensación del vacío ha sido en principio solo mía; no importa cuánto te la describa, solo me pertenece en principio. Por ahora no me interesa llenar esto. La energía está contenida y no se des-borda. Llegar a ningún, perderse, es también parte de crecer. Esta es la primera vez que es real, que el vacío es perfecto. El abismo es dulce, azul, tiene un olor a sal. Quiero caer en este precipicio que llega al mar.

A mí me ocurrió el vacío. Una mañana de finales de otoño a las seis y veinte de la mañana, en el piso veintitrés, en la habitación doce. Era un hotel de toque familiar, que seguramente había sido de lujo allá en los noventas, con vista al mar de Acapulco, que rara vez tenía el mar turquesa como esa mañana. El vacío es cuando el amor no pasa, pero el cielo aún brilla. Buenos días.

Elizabeth Casasola


Elizabeth Casasola Gómez (Ciudad de México, 1987)

Es maestra en Artes Visuales por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Su trabajo visual se ha exhibido en la Ciudad de México y Guadalajara, entre otras ciudades, así como en Argentina, Perú, Alemania, Portugal y España. Ha recibido en dos ocasiones el estímulo otorgado por el FOCAEM. Ha impartido talleres en Aula Multinacional, Mextropoli y Festival de Arte Zitácuaro–Arte para Todos. Ha publicado ensayos en Proyecto 1×1La ExpendeduríaETCI Editora de TextosZonaZeroLAbs de Fundación Pedro Meyer y .925 Artes y Diseño. Fue jurado del Concurso Nacional de Fotografía de Derechos Humanos, organizado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Instituto Politécnico Nacional. Representó la Muestra y Concurso de Cortometraje de la Zona Centro: Vida es Corto del Fondo Regional para la Cultura y las Artes de la Zona Centro. Actualmente es docente de la Universidad del Valle de México, campus Lomas Verdes y San Rafael.

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