Sheullilia, el demonio de las pesadillas

Por Julia Alcantar


Folio 1



Folio 2



Folio 3



Folio 4



Folio 5



Folio 6



Folio 7



* * *


*** TRANSCRIPCIÓN ***

SHEULLILIA

PARTE 1: DICHO POR SHEULLILIA

Vuelve otra vez y lo miro.
Espiro está atrapado bajo los montículos de roca, tiene el aliento limitado y la sangre le escurre por la frente. Apenas tiene espacio para que penetre la luz. Al ver el sufrimiento que recorre sus venas, una afilada sonrisa se planta en mi rostro. El ingenuo de Espiro comienza a lamentarse de sus culpas, creyendo que su sufrimiento es una especie de castigo y ni siquiera se percata de mi presencia. Lo hago arder desde el centro de su prisión. Sus gritos ahogados por el fuego erizan mis nervios.
    ¡Yo, Sheullilia, me he liberado tras la muerte de Espiro! Ya no tengo que vivir solamente en sus pesadillas; ahora puedo viajar a las de otros. Pero la culpa de haber asesinado a mi creador se vuelve aplastante, amenazante, y acaba con la alegría de la libertad, al menos por un momento.
    Me retiro, voy directo al espeso bosque que conduce a la ciudad, tratando de olvidarlo todo, en busca de nuevos huéspedes. Cuando llego, siento un mar de rostros infantiles, llenos de simpatía, que me reciben con los brazos abiertos. Los niños aguardan en sus camas sin causar problemas; pero los adultos me molestan: con sus cuentos para dormir y sus lamparitas de noche, intentan evitar que yo llegue. Tal vez ni siquiera saben que me presento, pero al fin estoy aquí, con un solo objetivo.
    Miro el interior de su mente y con todos se repite el mismo ritual:

Pesadilla 1

Elena, de 12 años, entra en una cocina cálida, iluminada simplemente por el fulgor del fuego. El suelo está resbaloso. Conforme se hace tarde, se va atenuando la luz hasta dejar la cocina en penumbras. Y ahí, justo en ese momento, su tranquilidad es interrumpida por un horrible chillido. Mira el reloj, son las 00:00. Ella trata de impedirlo, pero es imposible. Su cuerpo es arrastrado hacia una puerta invisible que se abre en la alacena. Aquel vacío la absorbe completamente, la lleva hacia el olvido y a no ser vista nunca más.

Pesadilla 2

José, de 10 años, está esperando una sorpresa prometida. Sin que nadie se dé cuenta, toma un pedazo del pastel que está servido en la mesa y, costumbres de humanos, se lo lleva a la boca y lo mastica suavemente.
    Después, vuelve a su espera, a sumergirse en las páginas de su libro favorito. Pero la culpa en su interior se vuelve cada vez más maligna, apretujando su garganta con un nudo.
    Recuerda las palabras de su abuelo: “No tomes ni un trozo de ese inservible…”; y también las de su madre: “Tiraremos esa asquerosidad antes de que alguien la coma”. Más tarde, lo expulsa completo por medio del vómito y entonces ve el horrendo insecto que se tragó. Cualquiera diría que aquello que se revuelca entre su sangre es una cucaracha gigante con alas de libélula, pero el cuerpo que nada en el excusado alarga y encoje su cuerpo como un ciempiés agarrado al contorno de la taza del baño. Lo peor sucede cuando José trata de jalar la palanca del excusado y se da cuenta de que, en realidad, el que termina por ahogarse en el drenaje, el insecto, es él. Y al final la sorpresa se la lleva su mamá al encontrarlo ahogado en su cama por la mañana, debido a aquella pesadilla.

Pesadilla 3
Laura, de 8 años, está a punto de presentarse en el escenario, los nervios la ahogan.
    Los espectadores no saben que un cardumen de glóbulos rojos se aproxima a ellos. Hasta el momento nadie sabía que los nervios eran tan peligrosos: a Laura la hacen explotar. Cuando se abre el telón, el público recibe un baño de sangre y de la niña sólo queda un cuerpo descarnado, de pie sobre el escenario.
    Así la encuentran por la mañana en su cama. “Explosión de nervios”.
    Y aunque sigo fascinada por la muerte, envenenado sus vidas de pesadillas; el trabajo cansa mi mente, la enfría, y caigo en un arrullador trance de sueño. Pero mi mente sigue conectada a sus sueños.

PARTE 2: DICHO POR LIRO

Te veo llorar escondida y preocupada. Sé que algo malo pasa. Miro tu rostro lívido y tus ojos enrojecidos; la preocupación abunda cuando me recuerdas.
    No sé qué pasa ni qué haces ahí.
   
Pronto me percato de que, desde tu ángulo, comprendes lo que sucede. No es mi culpa; quise decírtelo, pero la vergüenza hizo que me negara a lastimarte con mis palabras. Sin embargo, ahora estoy dispuesto a contártelo… Si al menos me escucharas:

Lo noté desde hace tiempo.
Es decir, bueno, la extraña desaparición
de Espiro, mis amigos, sus extrañas pesadillas, sus posteriores muertes
y el monstruo que proyectaba su deformada silueta al pie de mi cama.
Todo apuntaba al escape del horrible Sheullilia
y de otros monstruos que conformaban
la mente de Espiro.
Eso
me
asustó.

Tú eres mi madre y debí habértelo dicho. Ahora me arrepiento de no haberte pedido ayuda cuando la necesitaba y me parte el corazón verte así de triste y sola. Te observo, mirando aquel féretro que contiene el cuerpo que abandoné. Si en este momento pudiera abrazarte, lo haría.
    Todo comenzó las primeras noches (quizá dos semanas antes) que el insomnio dominaba mi cuerpo. En toda la noche, no hacía nada más que estar acostado en mi cama viendo cómo se movían unas luces extrañas, proyectadas en el techo desde la ventana. La maestra terminó castigándome todos los recreos por dormirme en clases.
    Para mí fue casi un milagro la noche en que logré conciliar el sueño, aunque tuve extrañas pesadillas. Al principio creí que estos sueños se debían a la desaparición de aquellos niños de primer grado, pues eso no dejaba de dar vueltas en mi cabeza. Las pesadillas duraron tres o cuatro noches seguidas. Después, el insomnio regresó con el miedo a dormir, a cerrar los ojos y encontrarme en mundos llenos de monstruos bañándose en mi sangre, llenos de alegría y sonrisas que mostraban sus horribles fauces carnívoras o situaciones peligrosas como secuestros, epidemias o guerras.
    Por eso volví a lo de quedarme en la cama como tonto, viendo las figuras extrañas que entraban por la ventana, sólo que esta vez se proyectaban en la pared al pie de mi cama y tenían la forma del monstruo que todas las noches se aparecía para vigilarme. Supongo que ese era el tal Sheullilia.
    Bueno, mamá, en realidad quise contártelo antes. Justo unos días antes de mi muerte traté de hacerlo, pero estabas muy ocupada con tu nuevo trabajo como para escuchar las pesadillas de un niño de 11 años con demasiada imaginación. Por eso no me hiciste caso, ahora lo entiendo. Te rogué que me creyeras lo del monstruo de sombra que se aparecía en mi pared. Después creí que el intento era inútil y, cada que los monstruos volvían a aparecer, trataba de convencerme de que sólo era mi imaginación o algún cambio de la pubertad.
    Sí, lo admito… me equivoqué. Aunque, aun si yo hubiera insistido y tú me hubieras creído, Sheullilia es el demonio de las pesadillas, ¿cómo podrías haberme ayudado? Supongo que debo aceptar mi muerte. No sé por qué, pero estoy contigo desde que te vi entrar en mi cuarto la mañana después de mi muerte. Encontraste mi cuerpo en la cama, igual que las mamás de los otros niños que murieron en sus pesadillas.

PARTE 3

Pesadilla 4
Lirio, de 11 años, observa una extraña discusión callejera entre dos grupos de personas. No tarda en convertirse en una guerra, lo cual es muy extraño. Al llegar a su casa escucha el llanto de su madre. —¿Qué sucede? — pregunta Lirio, a lo que ella responde sollozando: —¡Tu-tu padre-dre i-irá a-a la g-g-gue-guerra! —De repente, se escucha un cañón a lo lejos y todo lo que se encuentra a su alrededor comienza a derretirse, dejándolo en lo que parece un vacío completamente oscuro. Pero una luz aclara el escenario como en el cine. En la pantalla se ve una película en blanco y negro: transmite una sala llena. Del lado de las butacas se encuentra Lirio. No hay más espectadores. Está solo hasta que entra una mujer muy elegante y hermosa, saludando al público que está dentro de la pantalla. —¿Quién es usted? —, pregunta Lirio. Ella se carcajea: —¿No lo entiendes, niñito condenado? ¡Soy tu peor pesadilla en vida, la que pronto extrañarás! ¡Soy Sheullilia! —Mientras habla, su piel comienza a derretirse y su rostro a deformarse hasta convertirse en el mismo monstruo que vio en pesadillas anteriores: ¡era el que lo vigilaba cada noche!, ¡el culpable de las muertes de Espiro y sus amigos! A la mañana siguiente Lirio no despertó.
    Nunca se ha sabido qué pasa con las almas que son víctimas de Sheullilia, el demonio de las pesadillas. Unos dicen que sufren una segunda vida, en un mundo alterno, lleno de pesadillas; otros dicen que simplemente se desvanecen y, unos más, que se pierden para siempre, solos en un vacío infinito. Lo que sí es seguro, es que nadie detendrá a Sheullilia y su sed de sufrimiento ajeno. ¿Alguna vez has tenido pesadillas horribles o sueños en los que mueres? Tal vez ahora Sheullilia te tenga en la mira.



Julia Fernanda Alcantar Romo (México, 2008)
Es escritora y dibujante. También esculpe, compone y toca la guitarra. Ha escrito cuento, guion para cómic y novela corta. Creó el corto animado “La estación fantasma” y fue finalista del concurso “El pequeño gran escritor” en 2018 con “La escuela invisible”.

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